“Alfonsín habilitó la esperanza democrática en la región”: el libro que revive la transición argentina
En “Se va a acabar”, el periodista y escritor Patricio Zunini reconstruye los hitos del retorno democrático hace 41 años, con voces que relatan desde el final de la dictadura hasta el Juicio a las Juntas. El libro digital se puede descargar gratis desde Bajalibros
La campaña de AlfonsÃn no fue la de un candidato, sino la de un sistema de gobierno. Hay una serie de hechos que dan cuenta de su rol docente; voy a tomar uno: el discurso de Ferro el 30 de septiembre del 83, un mes antes de las elecciones. Es un discurso crucial por muchos motivos. La Unión CÃvica Radical no tenÃa tantos afiliados como el peronismo, las encuestas no les eran favorables y hasta los militares preferÃan que ganara Luder.
“Todos los argentinos comprendemos que no estamos en estos momentos viviendo las circunstancias de una campaña comúnâ€, dijo. “Cada uno de nosotros sabe que no se trata solamente de consagrar una fórmula. Todos sabemos que de lo que en realidad se trata es de saber si los argentinos podemos realmente superar esta etapa de decadencia, superar esta inmoralidad que se ha enseñoreado en nuestra sociedad y transitar juntos un largo camino de paz y prosperidadâ€.
Esa noche volvió a darle la autoridad al pueblo: “Los candidatos se someten a elecciones y a veces ganan y a veces pierdenâ€, dijo. También explicó los tres niveles de responsabilidad que iba a usar para juzgar a los militares, distinguiendo a los que tomaron la decisión, de los que cayeron en excesos y los que cumplieron órdenes.Y cerró con una convocatoria a todo el arco polÃtico para consolidar un gran acuerdo nacional. “Los radicales ya estamos en la marchaâ€, dijo, “y al frente de nuestra columna van: Alem, Yrigoyen, Pueyrredón, Sabattini y Lebensohn, Larralde, BalbÃn, Illia. Los que estén a nuestra derecha pueden inspirarse, si lo desean, en Sáenz Peña o en Pellegrini; los demócratas progresistas, en Luciano Molina o en Lisandro de la Torre; los socialistas, en Juan B. Justo o Alfredo Palacios; los peronistas, en Perón o en Evita. Pero ¡juntos, los argentinos, para terminar con la dictadura! Es la marcha nueva de los argentinosâ€.—Frente a esa rabia —dice Graciela Fernández Meijide— los jóvenes radicales eligieron la consigna “Somos la vidaâ€.
En julio de 1981 los cinco partidos mayoritarios —el Partido Justicialista, la Unión CÃvica Radical, el Partido Intransigente, la Federación Demócrata Cristiana y el Movimiento de Integración y Desarrollo— constituyeron una coalición Multipartidaria con el objetivo de forzar la salida a la dictadura.
“Damos por iniciada la etapa de transición hacia la democraciaâ€, decÃan en un primer comunicado que, sin embargo, pretendÃa mostrar una cara conciliadora. En medio de una profunda crisis económica pedÃan el respeto por las instituciones, a la vez que tácitamente aceptaban dejar atrás los crÃmenes de la represión ilegal.La Multipartidaria fue un actor de presión que horadó a los militares con una práctica que aquellos, acostumbrados al verticalismo, no conseguÃan dominar. Con diálogo, con negociaciones, con “rosca polÃticaâ€, tendieron puentes hacia la Iglesia y los sindicatos, y apoyaron las grandes movilizaciones, como la “marcha del hambre†del obispo de Quilmes, Jorge Novak, y la multitudinaria peregrinación a San Cayetano que convocó la CGT. Esa marcha fue en noviembre: un mes después, Roberto Viola era removido de la presidencia.
Sin embargo, y a pesar de que siguió en funciones hasta 1983, la coalición se partió en tres durante la Guerra de Malvinas. El ala más conservadora, liderada por el radical Carlos ContÃn, decÃa que habÃa que suspender las demandas y respaldar con firmeza la intervención armada.Finalmente, habÃa un sector más bien minoritario que se encolumnaba detrás de Raúl AlfonsÃn y que no sólo mantenÃa las exigencias por llegar a la democracia, sino que se oponÃan a la acción militar. AlfonsÃn fue una de las voces más crÃticas del despliegue militar. En medio del exitismo general decÃa en ClarÃn que habÃa que expulsar a la Junta y entregar el gobierno a un presidente civil —él proponÃa a Arturo Illia— acompañado por un gabinete de salvación nacional. “Que el 2 de abril sea la fecha que marque el punto final de la decadencia nacionalâ€.
La rendición cambió el escenario. Bignone asumió el 1 de julio de 1982 y dijo que iba a habilitar las actividades de los partidos polÃticos —prohibidas desde 1976—, pero los dÃas pasaban y el decreto no salÃa. Mientras tanto, AlfonsÃn jugaba fuerte. Él entendÃa que la derrota en Malvinas podÃa tener dos resultados posibles: la apertura democrática o la exacerbación del autoritarismo. Y, como no querÃa volver atrás, tenÃa que plantear una partida doble. Primero, habÃa que instalar a la UCR como la única opción para terminar con la dictadura. Y luego, tenÃa que instalarse él mismo como la única opción dentro del partido.
QUE NOS DEVUELVAN EL PAIS
CONVOCA YA A LA JUVENTUD PARA
HABLA RAÚL ALFONSIN
Desarrollo industrial / Justicia Social / Impedir el continuismo
VIERNES 16, 19.30 HORAS
La FAB era un gran escenario; el segundo después del Luna Park. Los dÃas previos, unos cien militantes de la Juventud Radical repartieron volantes a pesar del riesgo de que los levantara la policÃa. Con la prohibición todavÃa vigente, las normas imponÃan hasta dos años de cárcel. Asà y todo, ese dÃa la gente superó la capacidad del estadio y hubo que conseguir parlantes para los que se habÃan quedado afuera. Diario Popular dijo al dÃa siguiente que se habÃan congregado unas diez mil personas. Muchos nunca habÃan tomado parte en actividades polÃticas.La gente tomaba toda la calle Castro Barros, desde Don Bosco hasta Rivadavia. La policÃa no sabÃa cómo proceder; estaba claro que la situación los sobrepasaba. Lo único que atinaron a hacer fue desviar el tránsito de Rivadavia. Y, entonces, de apuro, Bignone firmó el decreto. MatÃas Méndez y Rodrigo Estévez Andrade usan una metáfora pugilÃstica en Ahora AlfonsÃn, acorde con el lugar del acto: luego de seis años, tres meses y diecinueve dÃas, la dictadura tiraba la toalla.
AlfonsÃn habló de libertad, de institucionalidad, de compromiso, del involucramiento de la juventud. Lo que dijo fue importante, pero lo más importante fue el gesto. Rodeado de correligionarios, sindicalistas y Madres de Plaza de Mayo, habÃa marcado el principio del fin.—¿En qué momento te diste cuenta que ganaba AlfonsÃn?
—Sacó el 52 por ciento.
—¿Cómo se dividen las responsabilidades del Juicio entre AlfonsÃn y Strassera?
El que tuvo el coraje de decir: “Esto no se puede barrer debajo de la alfombra†fue AlfonsÃn. Después hubo muchas circunstancias afortunadas para que el Juicio pudiera hacerse. Primero el Congreso, modificó la estrategia inicial de AlfonsÃn; después la Cámara, porque si no nos abocábamos tampoco habÃa juicio; después la CONADEP, que hizo un aporte extraordinario en la manera de recolección de evidencias. También el modo en que se organizó un juicio descomunal, que se hizo en catorce meses.
El 30 de octubre de 1983, a excepción de La Nación, que lacónicamente titulaba: “Se elegirá hoy en todo el paÃs a las autoridades constitucionalesâ€, las tapas de los diarios mostraban un ánimo vivaz.
La Voz: “Victoria del puebloâ€.
Ese mismo dÃa, el periodista Daniel Cecchini le preguntó a AlfonsÃn qué significaba haber llegado hasta ese momento. La respuesta fue inmediata: “El comienzo de cien años de democraciaâ€. AlfonsÃn asumió la presidencia pensando nada menos que en refundar la Nación. ¿Acaso no lo consiguió?
