La serie furor de Netflix y el caso del “Bebé reno” argentino: el calvario del hombre que “sobrevivió” a una psicópata
En ocho capítulos de media hora, “Bebé reno” aborda el drama psicológico de una mujer que se obsesiona con un hombre vulnerable. La serie está inspirada en hechos reales como el de Ramiro Simón, quien durante cinco años vivió absorbido, reducido y secuestrado por una mujer que conoció en un boliche. El relato de una víctima depredada que recién pudo huir cuando ella se aburrió de él
Ella le preguntó a qué se dedicaba. Él estaba por venderle un guión a Estados Unidos y ya habÃa ganado un premio por un cortometraje. Ella le contó que escribÃa canciones para Diego Torres y otros artistas. “Cuando creés que vos estás conociendo al amor de tu vida, en verdad están preparando lo que te van a hacer a futuro. Hacen algo que se llama almagemelización: copian todos tus gustos para que sientas empatÃaâ€, define Ramiro. Él es creyente y ella le decÃa que habÃa trabajado con la madre Teresa de Calcuta. Rezaba a cada rato. Lo llevó a conocer a una persona en una villa de emergencia a la que le habÃa pagado la cañerÃa de su casa. “Era como estar con un ángelâ€, ilustra. Eran todos artilugios.
“Son un camaleón, van tomando la forma que necesitanâ€, dice de los psicópatas, quienes para doblegar emocionalmente a sus presas hacen un minucioso trabajo de investigación y estudio. La primera etapa es la del enamoramiento: “Te escuchan, te traen regalos, son súper atentos. Quieren saber qué es lo que te pasa, qué es lo que sentÃs, cuáles son tus miedos, cuáles son tus sueñosâ€.
Es como un juego de ajedrez -dice Ramiro- en el que siempre están un paso adelante. “Arman como una red de historias simultáneas. Son como máquinas militares: están todo el tiempo planeando lo que van a hacerâ€, describe. Él quedó atrapado en esa trampa. El sexo es un recurso de captura y manipulación. Noel tenÃa un plan para absorberlo: “Me dice ‘alguien importante de la televisión quiere volver con una serie nueva, nos gustarÃa que fueses vos el que escriba el guión’’. TenÃa solo un mes y medio para hacerlo, por lo que le dije ‘no hay manera, es muy poco tiempo, te voy a hacer quedar mal’. Y me dice ‘no, ¡tenés que ser vos!’â€.
Lo convenció. Todos los dÃas, luego de trabajar en el congreso, iba a su casa a escribir el guión de una serie inventada. “Me empezó a drogar, pero de eso me di cuenta después. No me podÃa levantar de la cama, veÃa todas las cosas en cámara lenta. Me sentÃa raro. Como me habÃa hecho vegetariano hace poco, ella me decÃa que era por esoâ€, grafica. Noel era el nexo con los productores del nuevo lanzamiento televisivo. Lo mantenÃa entusiasmado, proactivo. Le nombraba gente que él conocÃa. Le recreaba un marco de idoneidad, de legitimidad, de normalidad. “Tienen una manera de mentir que no podés imaginarte porque no tenés una mente tan perversa. Es como Los Simuladoresâ€, dice.
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El plan incluÃa la segunda trama de una falacia para tenerlo coaccionado. “Me dice que el ex marido de ella, un militar de carrera, la estaba acosando y la querÃa matar. Hasta salió en los medios, en televisión, y convenció a un juez que le dio un botón antipánico. Me empieza a enloquecer a mà y me dice que nos querÃa matar a todos, a mà y a mi hijaâ€. A su hija ya no la podÃa ver porque Noel la maltrataba a sus espaldas y la madre de la menor no dejaba que lo viera. A los dos meses y medio de relación, ella ya disponÃa del manejo de sus redes sociales y de su teléfono celular: ya lo habÃa aislado de su entorno.
Ver a su hija significaba un peligro para ella. Aceptó que la mejor opción era resignar esos encuentros. El riesgo para su integridad fÃsica crecÃa los fines de semana, en los ratos de ocio del ex marido de su actual novia. “Todos los fines de semana Ãbamos a un hotel distinto a escondernos. Ahà es donde me empezó a vaciar: yo tenÃa una productora chiquita y tuve que vender cámaras, luces, micrófonos, hasta mi auto. Y todo para huir de un supuesto militar que querÃa matarme. Mi familia me hacÃa comida y me la traÃan a casa. Yo ya no tenÃa más contacto con nadie. Me fue limpiando de a poco. Y le creÃa todoâ€, narra.
No era amor lo que sentÃa, pero no podÃa separarse. “Te genera una adicción más potente que la cocaÃna. Es algo quÃmico. El psicópata, como te mantiene en un estrés constante, te hace segregar mucho cortisol que te va a deteriorando el cerebro: empezás a perder la memoria a corto plazo, a perderte y eso ayuda a que el otro te domine. Por ejemplo: dejás la llave del auto, ella te la agarra y la esconde. Van manipulando la realidad para que sientas que te estás volviendo locoâ€. Ya habÃa pasado la segunda etapa del plan: la devaluación del ser. “Primero te lleva allá arriba con el enamoramiento, después te lleva allá abajo quitándote todo lo que tenés. Al final, un dÃa te trata bien, al otro dÃa te trata mal. Te desquiciaâ€.
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El proyecto del guión se deshizo definitivamente. La prioridad estaba en la supervivencia. En una nueva fase del aislamiento, ella le dijo que una abogada le recomendó que se fueran a vivir lejos para que nos los mataran. Ramiro se rapó la cabeza, se compró anteojos, cambió su fisonomÃa y alteró su identidad para escapar de algo que suponÃa real. Fueron a la casa de un familiar de ella en Chilecito, La Rioja. Durante esa convivencia inventó dos nuevos engaños: se tiraba al piso, actuaba convulsiones, le decÃa que estaba enferma de cáncer y que era, indirectamente, su culpa porque la enfermedad se activó luego de que su ex marido la persiguiera al enterarse de que estaba saliendo con él; y le plantó en la cabeza la idea de que se hiciera un examen de ADN porque su hija era en verdad de otro padre.
Ramiro lo creÃa todo. Ahorraba plata para costear por un análisis genético que nunca llegó a hacer. Era un recurso de ella -sugiere la vÃctima- para que él consiguiera dinero, dado que cada vez que estaba cerca de pagarlo, aparecÃan gastos extraordinarios que cubrir. “Ella me pegaba, me hacÃa de todo, una vez me clavó un cuchillo. Después se tiraba a convulsionar y decÃa ‘cómo vas a dejar a una mujer con cáncer’â€, recuerda. Sus amigos organizaron un operativo de búsqueda pero no sabÃan dónde estaba porque ella no habÃa dejado rastros de su paradero.
De Chilecito se trasladaron a la capital de Córdoba. “Empecé a limpiar autos y a comer de la basura. Todo lo que conseguÃa se lo daba a ella. Terminé hecho pelota, se me veÃan las costillas, era piel y huesosâ€, cuenta. Ramiro se habÃa despersonalizado. HabÃa perdido su identidad y su voluntad. HabÃa dejado de sentir pena cada vez que ella convulsionaba. Le habÃa dejado de importar la vida: “Estaba muerto por dentro: habÃa perdido a mi familia, a mi hija. Ya no querÃa vivir y jugaba a que me atropellenâ€. “Los psicópatas solo disfrutan de generar dolor en terceros. Es su placerâ€, dice Ramiro. Él dejó de abastecer su cuota de placer cuando el dolor le era indiferente. Noel habÃa consumido toda su pulsión de vida.
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“Se aburrió. Por eso, generalmente los psicópatas integrados tienen varias vÃctimas. Cuando no le servà más, cuando vio que ya no me podÃa sacar más nada, me dijo que me volviera a Buenos Airesâ€, relata. Ramiro regresó a su casa. Lo recibieron su mamá y su hermano: “No podÃan creer en el estado en el que estabaâ€. La situación no mermó de inmediato. Le siguió mandando dinero. Ya habÃa perdido su auto. Ya habÃa explotado a su familia. De a poco, ya sin la asfixia ni la influencia de ella, empezó a despertarse. Se le prendieron alertas. Lo que lo terminó de despabilar fue ver la serie que estaba por comercializar al mercado estadounidense y que habÃa entregado un mes antes de conocerla, convertida en pelÃcula, vendida a más de veinte paÃses, con el mismo guión que él habÃa escrito. “Ahà fue cuando caà -recuerda-. Desaparecà cinco años del mundo y de repente vi lanzada en las plataformas la serie que yo habÃa escritoâ€.
Advirtió, en simultáneo, de que la habÃan separado de su hija. Una noche, fumando en el balcón de su casa, comprendió no haber advertido el rumbo incierto que habÃa tomado su vida. “Empecé a investigar, a juntar pruebas, charlas por Whatsapp con mis amigos. Hablé con el militar que me querÃa matar. El psicópata no habÃa sido él, sino ella. Le habÃa hecho lo mismo que a mÃ. Casi pierde el trabajo y tampoco pudo volver a ver a su hijoâ€, reconstruye.
El calvario duró cinco años. La denuncia penal contra Noel radica en los tribunales de la justicia. Él sabe que ella tiene cinco vÃctimas más y que subsiste por sus estafas. Desconoce si sigue viviendo en Córdoba o si se mudó a Miami. Valora que el proyecto de ley del que es coautor gane adeptos en los órganos institucionales. Prefiere, por ahora, dejarse los tatuajes que ella presionó para que se hicieran. En el antebrazo izquierdo, en letras cursivas, conserva la frase “Noel Endless Loveâ€: “Noel, amor sin finâ€.
